Platón, Montesquieu, Marx, Álvaro Uribe y algunos más

Aún ignoramos si el presidente Álvaro Uribe se lanzará a una nueva reelección. Él se muestra astutamente indefinido y debe de solazarse al ver que políticos, empresarios y medios de comunicación le piden, le encarecen, le ruegan que diga si aspira a un tercer período o no. Uribe calla. Pero con esta charada y con el anzuelito de las adjudicaciones de televisión hace temblar a más de uno. A lo mejor aguarda, flotando en el agua tibia de su popularidad, a ver en qué termina el proceso a los ‘parapolíticos’ que apoyaron su campaña o prepara nuevos rounds en su pelea con la Corte Suprema de Justicia. Entre tanto, patea balones a la tribuna cada vez que le preguntan, por lo que más quiera, señor Presidente, ¿sí o no?

Resulta cada vez más claro que, aunque no confiese si anda en campaña, su entorno ya lo está. Lo proclama paladinamente el Ministro de Agricultura y Palacio elabora un Plan B en caso de que el Presidente no se lance. Según EL TIEMPO, el gallo tapado de ese Plan B es Luis Carlos Restrepo, el Comisionado de Paz, que ahora resultó vocero de los mensajes políticos presidenciales contra sus aliados. Muchos no creemos que sea así. Pero, a la sombra de Uribe, otros sueñan y engordan, como el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos; la embajadora en Inglaterra, Noemí Sanín, y el vicepresidente Pacho Santos.

No se piense, sin embargo, que las miras uribistas terminan en las elecciones del 2010. Sería poco para un mesías como él y para los áulicos que lo acompañan. Uno de los más interesantes episodios políticos de los últimos meses aconteció la semana pasada, cuando se presentó oficialmente ante el público la Ideología Uríbica, por llamarla de alguna manera. Una cosa -cosa menor- es un plan de gobierno, que lo tiene cualquiera; otra cosa -cosa mediana- es una plataforma política, que incorpora propuestas y soluciones en diversos terrenos; y una cosa más -cosa mayor- es una doctrina ideológica, es decir, un sistema de pensamiento sobre el manejo de las naciones. Esta última solo les cuelga a los grandes filósofos y estadistas, como Platón, Montesquieu, Marx…
El acto de la semana pasada pretendía inscribir a Uribe en la categoría de los pesos pesados del pensamiento político.

Lugar: poco conocido, pero ideológicamente elocuente: la Asociación Cristiana de Jóvenes, en Bogotá. Organizador: un tal Centro de Pensamiento Primero Colombia. Ocasión: el lanzamiento de un nuevo tomo de la colección denominada Las ideas de Uribe, editada por Planeta y financiada por poderosos empresarios; el último volumen expone la posición del Presidente contra el acuerdo humanitario, y lleva un título que recuerda la retórica extremista, trasnochada y seudoculta de Fernando Londoño Hoyos: ‘Los potros de bárbaras atilas’. Acto complementario: un conversatorio sobre ‘Liderazgo y doctrina’. Protagonista: José Obdulio Gaviria, ideólogo presidencial y heraldo de la doctrina uríbica. Asistentes: grupos entusiastas que “aplauden cada vez que por los micrófonos se mencionan los nombres de Uribe o Gaviria” (El Espectador, 4.11.08).

Según esta versión, José Obdulio instó a todos a convertirse en “un ejército de publicistas de la doctrina”, expuso pincelazos sobre el “ideario” del líder y proclamó la perennidad de la ideología del caudillo: “Esa línea de pensamiento será conocida y aplicada por las próximas generaciones de colombianos”… “La doctrina tendrá influencia en el país al menos durante los próximos 50 años”…

Al pedir la disolución de los grupos uribistas, pues, el Gobierno no pretende solucionar una coyuntura. Sino emprender la fundación de un gran partido de derecha, con ideología perdurable y propia, que desborde la inmediatez de la re-reelección.

Lo cual me parece sano, pues sabremos a qué atenernos y estimula un nuevo orden de colectividades políticas.
Los horarios de entrega de columnas de esta página me impiden comentar la extradición de la cúpula paramilitar a Estados Unidos.

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